Y no quiso afrontar este desafío. Él fue como valiente soldado que piensa en su familia antes de ir a la guerra. El miedo lo puedes utilizar a tu favor; o lo enfrentas y lo destruyes, o él te destruye. Él no supo como luchar con esto, no supo lidiar con este desastre. Pero es que, no hubo algo que me doliera jamás tanto, como verlo marchar. Tuve que dejarlo partir, porque yo supe desde el principio que solo sería un huracán en su vida, que solo sería pasajera. Supe que no lo merecía, pero en mi egoísmo, lo quise para mí, quise tenerle, por lo menos unos instantes. Él era fuego, y yo solo fui hielo, que aunque se derretía poco a poco, también lo apagaba con cada gota.
Si por cosa del destino miras estas líneas, quiero que sepas que fuiste para mí, los cinco minutos cuando despiertas en media noche luego de un día fatal, y piensas que solo fue una pesadilla.
Y sé que yo fui el puente que no supiste si cruzar o incendiar, pero que decidiste arriesgarte, teniendo garantía. Te atreviste a cruzarlo, pero ardiendo en llamas; aún sabiendo que cuando este hielo se derritiera, el fuego cesaría. Y hoy vengo a decirte, que lo lograste: derretiste el hielo. Pero es lamentable que para eso, tuviera que cesar tu fuego.
Así hay gente por la vida, intentando reparar a otros, quitándose ellos mismos sus piezas. Es la muestra de amor más bonita y la más masoquista.
martes, 29 de noviembre de 2016
Desastre...
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